Marcos 11:23-24
Cuando nosotros estamos pasando alguna situación difícil, normalmente lo primero que hacemos
es clamar a Dios por ayuda. Así como aquellos discípulos frente a la tempestad
pedimos el socorro del Señor. Pero en las bendiciones que El Señor delego a la
iglesia, esta la confesión o declaración de fe para obtener las promesas de Dios. Según Marcos 11:23 el poder de nosotros radica en una declaración de fe, orando y
creyendo en lo que se esta pidiendo. El poder de confesión es poderoso cuando
hemos entendido que nuestras palabras pueden producir vida o muerte. Cuando El
Espíritu de Dios mora en nosotros, tenemos un poder sobrenatural para hablarle a la enfermedad y declarar sanidad. Recuerda cuando Pedro y Juan subían al templo. Ellos le dijeron
al cojo de nacimiento, que no tenían dinero que ofrecerle pero lo que tenían dentro le daban, al instante confesaron “En el nombre de Jesús, levántate y anda” y el cojo anduvo. Hechos 3:1-6 Si te das cuenta no empezaron a gritar o a imponer las manos y despeinar al cojo,
sino que le hablaron que se levantara. Otro pasaje es el de Hechos 14:8-10 donde
Pablo predicando vio a un cojo de nacimiento y viendo que este tenía fe para ser sanado. Le declaro “Levántate derecho sobre tus pies”. Podemos ver que en
estas dos ocasiones los apóstoles no hicieron gran show o escándalo. Solo le
hablaron a la enfermedad y declararon sanidad. En Mateo 18:18 la escritura nos
habla del poder que tenemos para atar o desatar cualquier situación aquí en la tierra y automáticamente es hecho en el cielo. Recuerda que este acto de atar y desatar solo se lleva a cabo a través de nuestra
boca. Si nosotros no confesamos aunque queramos ver cosas grandes suceder, nunca
sucederán. Es necesario aprender a usar nuestra boca para atar las fuerzas del
mal y desatar los yugos de esclavitud que atan a la gente. En Marcos 4:37-39
vemos a los discípulos frente a la tempestad y casi hundiéndose en la barca. Su
posición fue la de clamar y gritar que se hundían. Hasta llegar al punto de despertar
al maestro de su sueño y reclamarle que porque no hacia nada viendo que ellos
se hundían. Lo que hizo Jesús al despertar fue hablarle y reprender la tempestad
“Calla, enmudece”. Muchas
veces nosotros actuamos como los discípulos de Jesús, en vez de quejarnos y renegar ante nuestros problemas y enfermedades,
deberíamos hablarle a esos montes en nuestra vida y decirles que se vayan hasta lo profundo del mar. Si nosotros vamos a poseer algo en lo natural, lo hemos de poseer en lo espiritual primero. Romanos 10:8-10 nos dice que con el corazón se cree primero luego con la
boca se confiesa para salvación. Es decir que no podremos confesar la declaración
de fe, si no lo creemos primeramente en el corazón. Tiene que nacer allí primero. Cuando Jesús llego ante la tumba de Lázaro, El sabía que Lázaro iba a resucitar. El oro por causa de la multitud, para que creyesen que El Padre le había enviado. Pero en su corazón había la certeza de que al llamar a Lázaro aquel cuerpo se incorporaría
y saldría de esa tumba. Juan 11. Es
decir entonces que la preparación para recibir la unción no se recibe ante la prueba, se recibe en el lugar secreto de oración
y detrás de las puertas cerradas. Cuando estemos frente a la prueba o ante un
monte de problemas, ya no es tiempo de prepararse. Es tiempo de hablarle al monte.