2a Crónicas 7:13-14
Muchas veces la gente cree que la situación en el
mundo, en su hogar, sus familias o en su vida personal cambiaria si tan solamente suceden cosas externas.
Esperamos que la otra persona cambie su manera de ser o su comportamiento. Tal vez si se cambia
de presidente las cosas van a cambiar en el país, etc... Pero la palabra de Dios nos declara que
es solo cuando nosotros cambiamos la actitud de nuestro corazón y nos arrepentimos de todo corazón delante de
Dios, que las cosas van a cambiar para bien. Los resultados
de un país y un mundo cuya economía ha caído y el crimen que se aumenta es el resultado del pecado que
una vez más ha tenido sus consecuencias. Dios le dijo a Israel que si el cerrase los cielos para
que no hubiese lluvia (quitar la bendición), y si mandare la langosta que consuma la tierra (el
devorador a comerse todo), o si enviare pestilencia al pueblo. Solo habría
una manera de restituir todo de nuevo a nuestra tierra. La solución es humillación,
una vez mas el hombre se ve frente a su peor enemigo puesto que el orgullo del hombre se ve frente a la humillación.
En Isaías 59:1-2 Jehová declaro que eran los pecados y las iniquidades del hombre
las que han hecho división entre Dios y el hombre. Así que las consecuencias desastrosas
del pecado son las noticias que vemos a diario en los crímenes cometidos, la economía y el país en recesión,
la falta de empleo y la falta de valores en algunos hogares y familias. El Primer Paso
hacia una restauración total en nuestra sociedad para regresar a la libertad espiritual es a través de si nos
humillamos delante de Dios y reconocemos nuestro pecado. Santiago 4:6 dice que Dios resiste a los soberbios,
y da gracia a los humildes. Quiere decir que la misma gracia que proviene de Dios por medio de la fe es
desatada cuando nos humillamos delante de Dios. El Segundo Paso es orar y buscar el rostro
de Dios. Los grandes avivamientos han comenzado cuando el pueblo se ha tornado en búsqueda de Dios
sin prejuicios solo por lo que el es y no por lo que da. Cuando nos humillamos y buscamos
su rostro cosas comienzan a suceder. El Tercer Paso es convertirse de los malos caminos.
Alguien podría humillarse y pedirle perdón a Dios mientras busca su rostro, pero de
allí continuar viviendo su misma vida. Cuando no cambiamos la manera de hacer las cosas ningún
sacrificio traerá la transformación a nuestra vida. Vemos que cuando Jonás le predico
a Nínive, esta ciudad se arrepentido en cilicio y ceniza, pues cambiaron sus
hechos, y Dios les perdono sus pecados. Es a través de este arrepentimiento que
Dios oirá desde los cielos, y perdonara nuestros pecados, y sanara nuestra tierra, restituyéndola
a su posición original para la cual Dios nos creo.