PAGINA PRINCIPALMESSAGE SHARE (MENSAJES EN AUDIO)JOVENESPAGE IN ENGLISHPREDICAS EN VENTANUESTRO CREDOLA FAMILIAEL MENSAJE DE LA SEMANAFOTOSNUESTRA VISIONCOMUNION MINISTERIAL ELIMDIRECCION HACIA LA IGLESIACONTACTARNOS

Ezequiel 37

            El Señor nos ha puesto un poder en nuestra boca para producir vida o para dar muerte.  Lo que nosotros confesamos será lo que obtendremos.  Por eso es importante que nosotros declaremos su palabra continuamente y así recibiremos las promesas de Dios.  Nuestras palabras son semillas que dan fruto de vida o de muerte.  Jesús les dio una gran enseñanza sobre esto a sus discípulos cuando saliendo de Betania llego a una higuera para comer de ella y al no encontrar nada en ella declaro “Nunca jamás coma nadie fruto de ti”.  Sobre la higuera;  Marcos 11:12  Al día siguiente esa higuera se había secado y los discípulos observaron que una sola expresión de Jesús trajo muerte a esta planta.   Se cree que Jesús maldijo la higuera por el hecho que declaro algo malo sobre ella.  Quiero que entiendas que cada vez que tu hablas algo malo sobre algo, a alguien o de alguien tu lo estas maldiciendo (mal-decir),  cuando nosotros decimos algo bueno sobre alguien (buen-decir) entonces lo estamos bendiciendo.  Por eso declara Santiago 3:9-10 que no puede salir de una misma boca bendición y maldición.    Jesús también declaro que de toda palabra ociosa o inútil que los hombres hablen,  de ella darán cuenta en el día de juicio;  Mateo 12:36.  Esto quiere decir que si estamos hablando palabras que no traen edificación,  bendición o algún beneficio a los oyentes, entonces para que hablarlo.  Jesús también declaro que sus palabras son espíritu y son vida; Juan 6:63.  Es decir que cuando yo pronuncio una palabra,  esta puede impartir un espíritu que produzca vida a otros.  Pero si nuestras palabras no imparten vida entonces impartirán un espíritu de muerte. 

Dios le hace una pregunta a Ezequiel.  Vivirán estos huesos?  Su respuesta podría ser positiva o negativa.  Ezequiel le contesta que no sabía  si vivirían.  Aun en nuestra incredulidad Dios puede obrar si tan solo declaramos su palabra hasta el punto que se haga vida en nosotros.  Con todo ese temor Dios le dice a Ezequiel,  Profetízale a estos huesos!  Si nosotros creemos  que lo que hablamos es real entonces estamos profetizando.  No me malinterprete,  si yo declaro su Palabra la cual ya es verdad entonces esta se hará verdad físicamente tarde o temprano.  Al confesar la Palabra de Dios,  Ezequiel desarrollo, activo y aumento su fe hasta el punto de darle espíritu a esos huesos secos.  Recuerda que Jesús dijo las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.  El nos hizo a nosotros a imagen y semejanza del, entonces si Dios creo el universo y lo sustenta por el poder de su palabra,  que te hace pensar que tú no puedes crear y sustentar cosas por el poder de tu palabra.  Cuando Ezequiel comenzó a hablar la palabra (profetizar),  cosas comenzaron a suceder.  Se hizo real la palabra de Dios.   Yo te quiero decir que la razón por la cual muchas veces no experimentamos milagros en nuestras vidas es porque no declaramos la palabra,   algunos la declaran hasta de memoria pero no la creen.  Recuerda que algunos Jesús les dijo que de labios le honraban pero su corazón no estaba allí,  sino que estaba lejos de el.  Entonces pongámosle vida a las palabras que hablamos,  declaremos la palabra de Dios en medio de la tormenta y veras que cuando crees con tu corazón,  le dirás PAZ a la tormenta, dirás montaña muévete y se moverá.  Las palabras que hablamos producirán  vida o producirán muerte. 

Enter supporting content here