Mateo 18:21-22
El Señor Jesús no solo nos enseño en la palabra sobre la necesidad del saber perdonar para así
poder ser sanados en las heridas de nuestra alma, sino que fue nuestro mayor ejemplo cuando aun colgando
en aquella cruz pronuncio las palabras “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Sabemos
que el ladrón viene solo para robar, matar y destruir; Juan 10:10ª y una de las maneras en
que roba la felicidad y la paz del hombre es poniendo rencor y resentimiento en la vida por aquellos que nos han herido,
para así terminarnos con un espíritu de amargura. Efesios 4:26-27 nos amonesta a que
no permitamos que nuestro enojo hacia alguien se convierta en ira, dándole así lugar al diablo
para que el actué en contra nuestra. Cada vez que nosotros permitimos que la ira ocupe un lugar
en nuestro corazón, prácticamente le hemos dado un derecho legal al enemigo para que entre
y robe todo lo mejor de nuestra vida. La falta de perdón no solo le da lugar
al enemigo para operar en nuestra contra sino también cierra la puerta de los cielos para que nuestras oraciones sean
contestadas. Mateo 5:22-26 nos ensena que si llegamos delante de Dios con nuestra ofrenda y allí
nos acordamos que tenemos algo en contra de alguien, de que vayamos y nos reconciliemos primero con esa
persona y entonces será recibida nuestra ofrenda. También nos insta allí a ponernos
de acuerdo con nuestro adversario para que no nos entregue al juez, allí nos esta diciendo que delante
del enemigo nos pongamos con un corazón puro para que el no tenga de que acusarnos y presentarnos cargas delante de
Dios, pues entonces si tendría razón y Dios mismo tendría que entregarnos a la cárcel
o al juicio. Quiere decir que cuando perdonamos, cerramos toda puerta de operación en contra nuestra
y comenzamos a actuar en la esfera del Espíritu Santo. La carne es la que no deja que nos dobleguemos
y pidamos perdón, pero tenemos que tener dominio propio sobre ella y humillar nuestro orgullo así
rompiendo con la carne. También encontramos en Efesios 4:31-32 que El Señor nos
manda a despojarnos de toda amargura, enojo y gritería y a ser benignos y perdonadores como Cristo nos perdono a nosotros.
Si Cristo nos perdono todos nuestros pecados porque se nos hace tan difícil perdonar a veces un error de alguien.
Con esto no quiero justificar la maldad de alguien solo quiero aclarar que cuando nosotros no perdonamos por algún
mal hecho en contra de nosotros. Los que nos dañamos y terminamos heridos, amargados
y finalmente condenados seremos nosotros también. A través del perdón nos desatamos
nosotros de la ligadura del pecado y desatamos a aquellos a quienes perdonamos. Mateo
6:12-15 encontramos que aun en el Padre nuestro Jesús finalizo la oración con la petición de que Dios
perdonara nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Mas adelante el recalco que
si no perdonamos a los hombres sus ofensas, tampoco el Padre perdonaría nuestras ofensas.
Quiero que entendamos que cuando perdonamos a alguien no necesariamente se dará una reconciliación al
menos que la otra persona también perdone, pues se necesitan dos para que de resultado una reconciliación.
Pues si no solo la persona que perdona se beneficiara y será libre en su corazón aunque la otra se queda
siempre en amargura. Veámoslo de esta manera en 2ª Corintios 5:19 nos dice “que Dios
estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos
encargo a nosotros la palabra de la reconciliación. Quiere decir que Dios a través
de Jesús nos perdono nuestros pecados y nos reconcilio con el mismo, aunque hayan muchos que no
acepten el perdón de sus pecados reconociéndole como salvador de sus almas. No obstante Dios
ya hizo su parte al enviar a Cristo y perdonarnos. Entonces la única manera que se va efectuar ese
reconcilio entre Dios y el hombre es si nosotros aceptamos ese perdón y lo recibimos. No te preocupes
si tú pides perdón y aun perdonas y haya unos que te digan que ellos no te perdonan. Tú
habrás hecho tu parte y serás libre de toda culpa, carga y responsabilidad. En el pasaje
de nuestro tema encontramos a Pedro queriendo impresionar a Jesús, cuando le pregunta cuantas veces
perdonar a los que le hacen mal hasta siete? Jesús le respondió no hasta siete,
sino hasta setenta veces siete por la misma ofensa. Lo que el nos quería ensenar no era que
necesariamente perdonáramos hasta 490 veces por una ofensa, sino mas bien que nuestro perdón
no tenga fin. Aprendamos sobre lo importante que es la necesidad de perdonar.