Gálatas 6:7-9
En la vida existen leyes que rigen la existencia y no se pueden negar
aunque uno quisiera, por ejemplo la ley de la gravedad, todo lo que sube debe bajar.
La misma naturaleza nos enseña una ley que en lo espiritual se hace tan real y aun Dios mismo determina el destino
de alguien y es la ley de la siembra y la cosecha. Desde el principio en Génesis 8:20-22 encontramos
que Dios estableció este principio “Mientras la tierra permanezca, no cesaran la sementera (semilla o siembra)
y la siega (cosecha), el frio y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche”. No
ha habido año sin frio o calor, verano o invierno, día o noche, quizás han sido mas cortos o largos pero
no han cesado. Entonces teniendo esto muy claro, tengamos la seguridad y certeza que
de todo lo que el hombre siembre de eso va a cosechar un fruto. Gálatas 6:7 declara
‘No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare,
eso también segara”. Muchas veces hay personas que hacen cosas malas,
viven mal, tratan mal a la gente y se preguntan que como todo les va bien y hasta se salen con la
suya de que están bien. Tengamos mucho cuidado porque hay una ley que no puede ser violada y es
la de Dios, hay personas que creen que Dios no los ve, pero sin embargo el no puede
ser burlado o engañado, todo se paga sino en esta vida en la venidera, seamos
conscientes de lo que estamos sembrando. David mismo tuvo envidia de los impíos al ver la prosperidad
de ellos y ver que se salían con sus deseos, hasta el punto de ser tentado a querer olvidarse de
Dios; Salmo 73:3-9. Hasta que comenzó a inquirir en la presencia de Dios
y vio el final y la destrucción de aquellos que hacen iniquidad y comprendió en su corazón que su trabajo
no era en vano. Por eso Gálatas 6:9 nos amonesta a que “No nos cansemos, pues, de hacer
bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. Debemos tener la seguridad de que
todo lo que tu hagas para Dios o dejes de hacer tendrá su cosecha un día. Que
esto nos anime a seguir adelante no viendo por el tiempo o la tardanza de aquel fruto, sino mas bien esperando
en el. El sembrar toma tiempo y mucho trabajo, pero el esperar es mas duro aun,
pues es allí es donde el enemigo tiene el tiempo suficiente y actúa para tratar de
desanimar al pueblo de Dios. Aun cuando le hablamos a alguien de Cristo, si no se continua
regando y abonando el terreno, tarde o temprano el desanimo entra en la vida de la persona.
Que hacemos entonces mientras esperamos? Yo quiero que estudiemos la vida de
un verdadero agricultor. Primero prepara el terreno donde va sembrar,
(preparamos nuestro corazón, quitando piedras y espinas que puedan ahogar la semilla. Segundo
planta la semilla y suficiente semilla (sembramos la palabra y abundancia de palabra) no solamente el domingo, sino a diario
llenándonos de esa palabra. Tercero mientras espera la cosecha, no se sienta a
solo ver que suerte tendrá, el creyente no espera en suerte, sino va detrás de obtener lo
que esta buscando, como dice Pablo en I Corintios 9:24 “Corramos de tal manera que obtengamos el premio”.
Es decir que yo voy a regar esa semilla, para retener esa palabra y que el enemigo no la pueda robar.
Voy a abonar alrededor de ella quitando la maleza (cosas erróneas o doctrinas que quieran crecer al lado de
la palabra pura, no adulterada). Mi propósito no es sentarme a ver si va a ver o no va a ver fruto,
mi propósito debe ser que yo voy a comer del fruto de lo que he sembrado. En 2ª Corintios
9:6 Pablo da a conocer a través del Espíritu otra realidad de la siembra. “El que
siembra escasamente, también segara escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente(o
en abundancia) también segara”. Entonces veamos cuanta palabra o semilla estamos sembrando
en nuestro corazón para que ella produzca en nosotros el fruto debido. Consideremos en nuestras
vidas que clase de fruto estamos produciendo. Hay gente que su vida ha producido amargura,
odio, rencor e ira, se tendría que meditar en que clase de semilla esta gente ha sembrado o han
sembrado en su corazón para producir dicho resultado de fruto. Ahora si hemos dado el fruto o estamos
cosechando actitudes no deseadas, como podemos ahora cambiar? La respuesta es
muy fácil, cambiar la clase de semilla que se ha sembrado. El problema es que
muchos no están dispuestos ha cambiar la semilla porque ya se acostumbraron al fruto que ahora tienen.
Si no estamos viviendo o viendo en nuestras vidas el resultado que anhelamos, comencemos hoy a sembrar
para lo espiritual y a arrancar toda aquella semilla mala que hayamos sembrado en nuestro ser. Recuerda
que no todo lo que vemos u oímos es de beneficio para nuestra alma, tenemos que filtrar todo lo
que recibimos y si hay algo que el Espíritu nos indique que no es bueno dejemos de recibirlo en nuestro corazón.
Pues el resultado no será un fruto o una cosecha provechosa para nuestra vida.