Santiago 1:19-27
El anhelo
de Dios para su pueblo es que aprenda a ser un hacedor de su palabra y no solamente un oidor obteniendo un conocimiento de
las escrituras nada mas. Necesitamos ser transformados por completo y empezar
a vivir la vida que el quiere que vivamos. La escritura nos amonesta que seamos
prontos para oír y tardos para hablar. Muchas veces nos acercamos a Dios y no
escuchamos su voz porque nos acercamos más para declarar nuestras peticiones que para oír su voz en silencio. A veces la gente prefiere oír la voz de los hombres que la voz de Dios, sino solo miremos cuando una persona se siente enferma es mas susceptible a escuchar primero la voz de
los doctores que le dice que esta grave, esto y lo otro antes que escuchar lo que dice su palabra de que ya somos sanos por
sus heridas en la cruz del Calvario. Nos dice que desechando toda inmundicia
y abundancia de malicia, recibamos con mansedumbre la palabra implantada
la cual puede salvar nuestras almas; v. 20
Ahora
porque hay un énfasis en desechar algo antes de recibir la palabra. Quiero que
reconozcamos primeramente que la palabra es una semilla de Dios, que viene para
producir un fruto en nuestra vida y que seamos personas diferentes. Pero porque
será que muchos escuchan la palabra una y otra vez y no son transformados por ella.
No será que no hay una preparación previa antes de recibir su palabra. Muchas
veces hasta oramos para que el Señor bendiga su palabra y la haga real en nuestras vidas, pero será una mera costumbre o realmente
lo anhelamos. La escritura nos relata en Mateo 13:1-8 la parábola del sembrados
y nos da su explicación en los versos 18-23 de la misma. Nos habla de un
sembrador siendo aquí el Señor quien sembró una semilla siendo esta su palabra, pero
parte cayo junto al camino, parte cayo en pedregales, parte cayo entre espinos
y parte cayo en buena tierra. Nota que comienza a hablar no de que la semilla
sea mala sino que el terreno era el malo el cual no dio o hizo producir vida a esa semilla y por lo tal no dio fruto. Veamos la que cayo junto al camino es cuando una persona oye la palabra y no la entiende,
viene el malo y arrebata lo que fue sembrado en el corazón. La semilla que cayo
en pedregales es la que se recibe con gozo al instante pero la aflicción y la persecución (las pruebas) no la hacen prosperar. La que cayó en espinos es la que el afán y la vanidad de esta vida la ahogan y no
la dejan crecer. Pero que bueno que hay tierra la cual es buena tierra
y da fruto, la cual produce al ciento, al sesenta y a treinta por uno. Algo tiene que suceder para preparar nuestra tierra y que produzca el fruto. La escritura nos dice que desechando toda inmundicia y toda
malicia la cual abunda, entonces recibamos la palabra. Nuestro corazón debe ser limpio y despojado de cosas carnales y toda incredulidad para recibir su
palabra. Cuando sembramos algo es necesario arrancar malezas y estorbos que puedan
ahogar la semilla y no dejarla crecer. Necesitamos romper con estorbos y maldiciones
que puedan haber enraizadas en nuestra vida que no permiten que esa palabra que escuchamos penetre hasta lo mas profundo y
comience a producir el fruto por el cual Dios la envió hacer. Segundo nos
insta a recibir con mansedumbre la palabra implantada la cual al final de todo terminara salvando nuestras propias almas. Muchas veces el mismo orgullo y arrogancia que pueda haber en nosotros viene a ser
como una pared o fortaleza de argumentos contrarios con altivez que se levanta en contra del conocimiento de Dios según 2
Corintios 10:4-5 y no permite que la palabra penetre y traspase hasta partir
el alma y el espíritu; Hebreos 4:12
Si no somos hacedores de la palabra sino tan solamente oidores de ella, nos
engañamos a nosotros mismos. Porque solo estamos pasando el tiempo y un culto
más vendrá sin ningún efecto. Comencemos a despojar de nuestra tierra todo aquello
que impida que esa semilla germine. (Escuchar
el tema Hacedores De La Palabra)