JUAN 8:31-37
La palabra
de Dios tiene que tomar un lugar predominante en nuestras vidas, si es que hemos de experimentar cambios trascendentales en
nuestro ser integral. Nuestra manera de pensar y de ver las cosas humanamente
debe cambiar, si nosotros hemos de llegar a comprender por un momento las cosas
espirituales. Quiero que meditemos el porque la palabra no halla cabida en algunas
personas. Jesús hablando con los fariseos de su tiempo les declaro estas palabras
en el verso 37 de este pasaje y les dijo que sus palabras no hallaban cabida en sus corazones.
Cuando una persona tiene ideas, preceptos y prejuicios la palabra del Señor no puede entrar. En 2 Corintios 10:3-5 leemos que las armas de nuestra milicia
no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Una
de las armas del creyente y la única que es de carácter ofensivo es la palabra de Dios,
la cual según Hebreos 4:12 penetra hasta partir el alma y las coyunturas. Es
decir que el hombre tiene fortalezas en su mente las cuales deben ser derribadas primero,
si es que la palabra va a hacer algún efecto en nuestras vidas. Hay personas
que tienen prejuicios. Un prejuicio es un pensamiento pre-concebido es decir
antes de escuchar la persona ya se cerro en su mente y en su corazón que no va creer y por lo tanto la palabra no hace ningún
efecto. La escritura nos relata que Jesús sanaba
y liberaba en Galilea, Capernaum, Betania, Decapolis, etc... Pero
cuando llego el momento de ir a su tierra natal Nazaret, la palabra relata
que no pudo hacer allí ningún milagro. Ahora será que Jesús no era el mismo o
al entrar a Nazaret su poder ceso, de ninguna manera. La gente y su mentalidad cerrada y tradicionalista no era la misma.
Es decir que tenían prejuicios en contra de Jesús, ellos lo conocían como
el hijo de José el carpintero o el muchacho del barrio y no podían concebir que
el mismo también fuera el Hijo de Dios y el Mesías prometido. El desprecio hacia
quien predica o quien dirige hace que muchas veces la gente no alcance la bendición de Dios.
Jesús declaro en Mateo 9:14-17 que el vino que el traía era vino nuevo, el
cual si era derramado sobre odres viejos, no lo podrían soportar. Es decir que aquellos odres (pieles de carnero disecadas y estiradas por el agua y entretejidas hasta crear
un recipiente para el agua o el vino) si no era nuevo no toleraría el vino nuevo. Hay
personas que por su mentalidad antigua, religiosa y tradicionalista no pueden entender el movimiento del Espíritu Santo en
estos últimos días, al igual que aquellos fariseos no pudieron entender que quien
les hablaba era el Santo de Israel y el Mesías prometido. Tenemos que ser odres
nuevos para soportar el vino nuevo. Jesús les dijo conoceréis la verdad y la
verdad os hará libres. Hay muchos esclavizados por el pecado porque aun no han
sido renovados en su mente para recibir lo que Dios esta haciendo y va hacer en estos últimos días. Romanos 12:1-2 dice que no nos conformemos a este siglo, en otras palabra que no nos adaptemos al sistema del mundo y lo que nos rodea. Sino antes bien ser transformados por medio de la renovación de nuestro
entendimiento. Quiere decir entonces que solamente cuando nosotros renovamos
nuestra mentalidad carnal, materialista, egoísta y egocéntrica; podemos llegar a ser transformados en personas diferentes. Ahora
para que? Para que comprobemos cual es la voluntad de Dios, agradable y perfecta. Hay personas que se preguntan como poder conocer la voluntad de Dios. Pues la respuesta aquí es clara, transformando por medio de una mente renovada por El Espíritu de Dios. Cuando Jesús les declaro a los fariseos que ellos eran esclavos,
esto saco el orgullo que había en ellos rechazando tal expresión, pero el les refuto que entonces porque su palabra
no hallaba lugar en sus corazones. Si permitimos lugar para la palabra en nuestras
vidas, definitivamente seremos discípulos de Cristo y conoceremos la verdad (Cristo)
y El nos hará libres.
|